Una de las actividades de color que más tiene que ver con el olimpismo es el coleccionismo de pines. Miles de atletas, entrenadores y voluntarios cambian los pines de sus países para armar su propia colección. El intercambiar pines es una gran excusa para conocer mundos nuevos y el tener gran cantidad es el genera una admiración en el mundo olímpico.

“Los Juegos Olímpicos de la Juventud siempre son muy buenos porque a la gente joven le encanta intercambiar pines”. ¿Quién lo dice? El estadounidense Bud Kling tiene 71 años y es un personaje que todos los atletas que están disfrutando de los Juegos ya se lo han cruzado, seguramente para intercambiarle un pin.

Su fanatismo arrancó en casa, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. A partir de ahí no paró y encima ahora ya lo hace de manera oficial, reconocido por el Comité Olímpico. El movimiento olímpico le recordó al sitio oficial de Buenos Aires 2018: “Estuve en 16 Juegos Olímpicos, las cinco ediciones de los Juegos Olímpicos de la Juventud, dos Juegos Asiáticos, tres Juegos Panamericanos y en Juegos Paralímpicos”.

No cualquiera logra obtener la homologación del Comité Olímpico Internacional. Con su club “The Olympin Club”, Kling lo consiguió: “Cuando contratan a alguien para ayudar en esto, siempre me llaman a mí”. Seguramente Buenos Aires tendrá su propia historia. Es